Miedo a saltar

El verano no parece una época en la que abunden los miedos: el sol brilla hasta casi las 10 de la noche; uno está relajado y tranquilo... pero sí que los hay y algunos de ellos pueden afectar a los niños.

Por ejemplo, a la piscina o al mar. Pongámonos en el lugar de nuestros hijos: una masa gigantesca de agua, prácticamente insondable y en la que no podemos hacer otra cosa que dejarnos flotar; por el otro está el mar, revuelto, desconocido y lleno de animales extraños que no podemos ver.

Otro miedo recurrente del verano es aquel que tiene que ver con “los bichos”: que nos piquen las medusas, las avispas, los mosquitos o sencillamente la idea de que nos recorran un brazo puede hacerse insoportable.

Debemos admitir que no son miedos carentes de fundamento, pero llevados al exceso pueden amargarnos las vacaciones. ¿Qué podemos hacer en el caso de nuestros hijos tengan alguno de estos miedos?

En el caso del mar o la piscina los expertos aconsejan que hayamos apuntado a los niños a clases de natación; pero suponemos que ya es un poco tarde; así que lo mejor sería hacer una aproximación gradual al agua. Acercarnos con ellos poco a poco al agua y primero meter los pies y poco a poco ir hacia donde cubre más. Es muy importante no forzar la situación, hay que ir poco a poco los días que hagan falta; aunque es muy probable que si ve a otros niños pasándolo bien en el agua también se apunte sin esfuerzo. Eso sí, no olvidemos nunca la supervisión: siempre puede haber riesgos.

Con respecto a los bichos la clave está en darles información previa antes de comenzar la excursión o la estancia en el camping: no hay que levantar piedras pues nunca se sabe que hay debajo, no hay que molestar a insectos como avispas o abejas… pero también hay que hacerles saber que, en el caso de que les picara algo estaremos preparados con repelente o un producto para tratar las picaduras. Igualmente debemos obrar si hablamos de medusas u otros “bichos acuáticos”.

En resumen: hay que diferenciar entre el temor y la prudencia. Uno puede amargarnos una estupenda excursión o día de playa; la otra es necesaria, no debemos olvidar que la naturaleza es bonita, pero tiene sus riesgos.


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