sirenita

Uno de nuestros redactores recuerda, con un nudo en la garganta, aquella vez que vio “La Sirenita” y se echó a llorar con el final. No, no estamos hablando de la película de dibujos de Disney sino de una adaptación del cuento de Hans Christian Andersen filmada en 1987. Esta versión era fiel al original y terminaba con la pobre sirenita convirtiéndose en espuma de mar tras saber que el príncipe se casaría con otra.

El cuento se publicó en 1837 y hace más de 150 años los cuentos eran de otra manera: muchos no eran historias felices pues en realidad no estaban dirigidos tanto a niños como a sus padres (recordad que no había ni televisión ni radio) y en la mayoría de las ocasiones escondían una enseñanza vital: no sabemos cuál era el de “La Sirenita” pero podemos imaginar que quería decirnos que no hay que tomar decisiones precipitadas como enamorarse sin pensar o hacer tratos de los que podemos salir mal parados.

También es probable que estos cuentos tuvieran un sabor amargo debido a la misma vida de su autor: Hans Christian Andersen creció en el hogar de una familia muy pobre y, aunque se convirtió en un escritor de éxito en Europa, no fue reconocido en su Dinamarca natal hasta pasado mucho tiempo. Hay quien dice que incluso le molestaba que sólo le recordara por su cuentos.

¿Qué pensaría entonces al ver, por ejemplo, a la pequeña sirena convertida en el monumento más conocido de la ciudad de Copenhague? Seguro que sentiría orgullo, digan lo que digan algunos.


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