Tecnología

Respecto a la relación de los niños con la tecnología baste un ejemplo con el que todos podemos experimentar: veamos con diferentes compañeros uno de esos vídeos de Youtube en los que un niño pequeño intenta pasar las páginas de una revista sin conseguirlo porque desliza sus dedos sobre la portada como si lo hiciera sobre la pantalla de una tablet. Algunos sonreirán y dirán que no es nada malo y que, muy al contrario, esto muestra las capacidades de “los nativos digitales”; otros se horrorizarán pensando que la tecnología ha hecho incapaz al niño de hacer algo tan sencillo como pasar una página.

¿Quién lleva razón? Muchos especialistas estudian el impacto de las nuevas tecnologías en el desarrollo de los más pequeños. No es nada nuevo: recordemos el eterno debate acerca de los videojuegos.

En lo que sí están de acuerdo unos y otros especialistas es que, muchas veces, algunas cuestiones en torno a este tema se han comprendido mal, se han exagerado o incluso mitificado. O así lo han comprobado las investigadoras Lydia Plowman y Joanna McPake tras estudiar durante un año el uso de móviles, tablets y consolas en niños.

En primer lugar desmontaron el mito de los “nativos digitales”. Muchos niños y niñas dijeron que para ellos usar un ordenador era “difícil” y que no sentían tan cómodos con ellos como sus padres podrían pensar. Las investigadoras comprobaron que, paradójicamente, los niños usan gadgets imitando a los mayores: el sistema de aprendizaje más antiguo del mundo.

Por otra parte demostraron que la vida de los pequeños no gira en torno a la tecnología ni que se todos se convierten en eremitas digitales despegados del mundo. La mayoría de los niños investigados y que usaban gadgets a menudo seguían jugando con sus amigos en la calle o pasaban gran parte del fin de semana realizando actividades con sus padres.

También desmontaron ese mito que afirma que los juegos interactivos son más educativos que los tradicionales. Se fijaron en que los niños sí aprendían a manejar un dispositivo, pero no necesariamente tenían una mejor compresión del mundo que les rodeaba. La conclusión fue que ninguna tecnología es suficientemente inteligente como para adaptarse a alguien que esta aprendiendo como lo hace un maestro.

Igualmente cayó el mito de que el reiterado uso de la tecnología entorpece las relaciones sociales. Las investigadoras observaron que los niños llegaban a interactuar incluso en mayor grado con sus padres al preguntarles cómo funcionaba una aplicación. Lo realmente peligroso es el aislamiento y eso se puede dar tanto con tecnología de por medio como sin ella.

No queremos influir en las decisiones de los padres y escorar la opinión a favor de un argumento u otro. Sencillamente creemos que hay que encontrar el equilibrio y ser coherentes.

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