Juego

El niño tiene derecho al juego, al descanso, a la diversión y a dedicarse a las actividades que más le gusten. Este es el resumen que el pedagogo Francesco Tonucci hace del artículo 31 de los derechos del niño aprobados por Naciones Unidas. Esto nos da una idea de la importancia del acto de jugar.

Cualquier especialista avalará las propiedades del juego, incluso en lo que a salud se refiere. Un indicativo de la fortaleza de nuestros hijos es las ganas que tenga de utilizar sus juguetes o de invitarnos a formar parte de sus actividades, así como la energía que ponga en cada juego. ¿Verdad que si observamos que nuestros niños se muestran apáticos ante sus muñecos sentimos que algo no va bien?

El juego es igualmente un excelente ejercicio físico y más en las etapas de la infancia en las que el cuerpo se desarrolla, se comienzan a controlar los movimientos o a adquirir coordinación. El mejor estimulante físico es sin duda el más divertido.

Respecto al desarrollo social no hay duda: el juego hace que nos relacionemos con otras personas en un ambiente agradable; también fomenta el espíritu colaborativo e incluso una competitividad sana. Se podría decir que nuestros juegos de pequeños nos forman como personas mayores.

¿Y qué decir de la imaginación? La tan valorada inteligencia creativa se comienza a desarrollar imaginando nuevos mundos, tratando de solucionar acertijos, asumiendo diferentes roles e incluso diseñando estrategias para jugar a la pelota.

Jugar, lo estamos viendo, es una actividad que va mucho más allá de lo pensamos. No es solamente una actividad para pasar el rato; también sirve para formarnos como personas en un futuro. Lo cierto es que siempre lo es porque ¿realmente cuándo se deja de jugar?

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