Insomnio

Antes de preocuparnos por el ciclo de sueño de nuestro hijo debemos conocer cuáles son las horas “normales” de sueño: Los bebés comienzan a dormir más de 4 horas a partir del tercer mes y se empieza a dormir 8 horas a partir del quinto o sexto mes. Si la cantidad de horas es menor de las establecidas por ese baremo podríamos estar hablando de un cuadro de insomnio.

Este insomnio se puede manifestar como dificultad para dormir solo, con despertares nocturnos o teniendo el sueño muy ligero. Y como el lector se puede imaginar, tiene mucho que ver si se ha producido un cambio abrupto en la rutina del niño: un cambio de casa, la llegada de un hermanito, un viaje largo, incluso cierto nerviosismo (no vamos a utilizar la palabra “estrés”) si está comenzando a caminar, por no hablar del dolor producido por el crecimiento de los dientes.

Una vez identificado el origen del problema cómo deberíamos solucionarlo. Han corrido ríos de tinta y se ha hablado de muchos tratamientos para solventar la falta de sueño en nuestros hijos. Por nuestra parte recomendamos una rectificación de hábitos: llevarle a dormir a su propia habitación cuanto antes, ser tajantes a la hora de establecer una hora para ir a la cama o no permitir que inmediatamente antes de irse a la cama lleve a cabo tareas que pueden excitarle como una partida de videojuegos o ver la televisión.

También aconsejamos la creación de una atmósfera propicia para la conciliación del sueño: una habitación con una suave luz, una temperatura adecuada (podemos poner una calefactor unos minutos antes de que se vaya a la cama), o hacer algo que todos nuestros padres han hecho alguna vez: contarnos un cuento. Este método tan sencillo y antiguo ha demostrado ser uno de los más efectivos: una historia que ayuda a distraerse, contado con una suave voz en un ambiente tan relajante como una cama con una manta calentita.

De igual manera algunos especialistas recomiendan dar una vuelta más “comunicativa” a lo antes propuesto y convertir el cuento de antes de dormir en una conversación en la que animemos a nuestro hijo a que nos cuente cómo le ha ido el día o qué le preocupa de su vida cotidiana. Esta última opción incluso nos podría ayudar a descubrir otros problemas de fondo como una depresión o una crisis de ansiedad.

El insomnio muchas veces es, además de un problema, la manifestación de otro. Es muy importante que, como padres, nos demos cuenta de eso. Tratar de profundizar en los asuntos que pueden preocupar a nuestros hijos forma parte de la solución: encontrando apoyo y comprensión por nuestra parte su descanso será mejor. En eso, en tratar de deshacernos de las preocupaciones para dormir mejor, no nos diferenciamos tanto niños y mayores.

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