¿Por qué se chupa el dedo?

El 80% de los niños pequeños se chupa el dedo. Es un hábito que comienza en el tercer mes de vida y suele acabar hacia el tercer o cuarto año pero, ¿a qué se debe? Las explicaciones son varias: unos especialistas se remiten a la teoría freudiana del desarrollo psicológico según la cual el niño estaría en la fase oral de descubrimiento del mundo; otros dicen que se debe a un comportamiento vinculado con la ansiedad en la que se busca un consuelo que remita a la tranquilidad de la succión alimentaria o del chupete; otros dicen que se debe al puro aburrimiento

Sea cual sea el origen, repetimos: se trata de algo normal, un hábito que acaba desapareciendo hacia los tres años. Pero, ¿qué ocurre si se prolonga? A larga la succión del dedo puede afectar a las encías y a la musculatura de la boca llegando a provocarse deformaciones del paladar e incluso futuros problemas de dicción.

¿Cómo deben los padres enfrentarse al problema? Hemos insistido varias veces en esta idea, pero es fundamental que no se trate como un defecto de nuestro hijo sino como una eventualidad que le ayudaremos a superar: hay que animar y motivarle para dejar el hábito. Algunos especialistas creen que es idóneo seguir "un plan" de incentivos, dar un premio cuando el niño logre controlar el impulso al cabo de una semana o dos.

También se pueden dar casos de solución más compleja. En ese caso el especialista nos recomendará el viejo truco de impregnar el dedo con alguna sustancia de mal sabor. Insistimos en que sea el médico quien nos recomiende el tratamiento: seguro que hay remedios caseros muy efectivos pero no sabemos cómo puede afectar al niño a la larga o si la sustancia que nos recomiende un conocido podrá dañar los dientes o incluso el estómago de nuestro hijo.

No es este el único remedio: también existen tratamientos con dispositivos ortodóncicos (efectivos a corto plazo pero un tanto agresivos) e incluso psicológicos, como la variación de la conducta. No dejaremos de decir lo mismo: en todo momento hay que buscar el asesoramiento de un especialista, e incluso buscar una segunda opinión. Es muy probable que lo creamos un problema complicado tenga una solución sencilla.

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