Terrores nocturnos

Es posible que un buen día nuestro hijo o hija decida que no quiere ir a dormir y nos diga que se despierta en plena noche gritando. Es probable que esté experimentando miedo a la oscuridad (del que ya hablamos en el mes de agosto) o terrores nocturnos.

Es preciso distinguir uno de otros: mientras el miedo a la oscuridad se centra en un elemento y en lo que allí puede haber, el terror nocturno es algo más complejo. Se manifiesta cuando, después de pocas durmiendo, el niño se despierta gritando. Podemos pensar que se trata de alguna pesadilla recurrente, pero no recuerda nada.

Ciertamente, si se trata de un caso de "terrores nocturnos" no tiene por qué haber pesadillas. Según nos cuentan los especialistas estos terrores tienen lugar al producirse una hiperactivación del sistema nervioso central en el momento en que se pasa de la fase de sueño más profunda no REM a la más superficial de sueño REM. Tal hiperactivación provoca un despertar brusco.

Estos terrores se dan en el 8% de los niños y suelen se manifiestan entre los 4 y los 12 años de edad. En la mayoría de casos hubo familiares con el mismo trastorno aunque hay factores externos que favorecen su aparición como el cansancio, el estrés, un cambio de casa o de cama y, en menor medida, como efecto secundario de alguna medicación.

Dada la naturaleza de los terrores nocturnos es importantísimo ponerse en contacto con el pediatra si notamos que nuestro hijo podría padecerlos. Pero también nosotros podemos ayudar a hacer más llevadera la situación si nos aseguramos de que duerma bien, si podemos ayudarle a reducir sus ansiedades o si establecemos una rutina que le ayude a sentirse seguro a la hora de dormir.

Nunca debemos olvidar que ante todo somos padres y, además de protección, se espera de nosotros consuelo.

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